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Porqué Naturbrush

Fue una de esas pequeñas cosas con las que te topas casi sin querer, pero que producen un gran impacto. Un impacto que irremediablemente invita a la reflexión. Ni siquiera era una noticia aparecida en un medio tradicional. Chris Jordan es un fotógrafo freelance que lleva años retratando cadáveres de crías de albatros. No es una cuestión morbosa, es una denuncia silenciosa a un problema de escala global. 

En su trabajo se observa a los polluelos con un puñado de tapones o mecheros de plástico ocupando el espacio en el que debería estar su estómago. Ocurre que la cantidad de residuos que lanzamos al mar ha alcanzado tal envergadura que existen islas de plástico surcando los mares. Plástico que acaba obstruyendo el aparato digestivo de muchas especies, decisivas en el equilibrio natural del planeta.

Porque al contacto con el agua, con el pasar de los días, los componentes químicos que forman estos productos desprenden un olor sólo perceptible para determinadas especies, llegándose a confundir con su alimento habitual. 

Un ejercicio macabro. Progenitores que creen estar alimentando a sus crías, en realidad, las están asesinando.

¿Qué hacer ante esto? Alcanzada la treintena, estrenada la paternidad, te vas haciendo preguntas sobre el mundo que te rodea; sobre qué mundo vas a dejar a tus hijos. Observando, inquieto, como las emisiones de CO2 se están convirtiendo en un problema de salud pública, costando anualmente a los estados miles de millones en gastos médicos. Ante un polo norte que ha perdido la mayor parte de su superficie, o el avance sin freno de un cambio climático que amenaza el equilibrio natural…

Irremediablemente, ante esto, hay que pasar a la acción. ¿Pero cómo? Uno trabaja en el turno de noche de una mediana empresa, no hay mucho tiempo libre, ni siquiera para estar con mi hija. Tampoco una única persona dispone de un amplio radio de acción para combatir algo de tal magnitud. En casa separamos los residuos, cada cosa la depositamos en su contenedor correspondiente, pero no deja de ser una paradoja. El plástico, o el vidrio, no son biodegradables. Podrían estar enterrados millones de años y seguirían inmunes al paso del tiempo. Darles un segundo uso requiere de un enorme derroche de energía, una energía contaminante. Contaminas para no contaminar. Algo absurdo, ¿no?

Fue en otro pequeño gesto, en otra acción en apariencia de escasa importancia, donde se me encendió la bombilla. Allí, ante el espejo del baño, con mi cepillo de dientes (de plástico) en la mano fue cuando todo empezó a fluir. ¿Cuánta gente se cepilla los dientes a diario? Es un ejercicio, que al menos, se repite tres veces al día. Un utensilio, que según los dentistas, hay que renovar cada tres meses. ¿Cuántas toneladas de plástico lanzado a la basura supone eso? 

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Entonces recordé una frase de Galeano, que en tiempos, no le di más valor, pero que ahora alcanzaba todo el sentido del mundo, transformándose en la respuesta a todas las preguntas, a esas ansias de hacer algo para cambiarlo todo: «Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo».

A partir de ahí surge la idea de Naturbrush, la primera marca española de cepillos dentales 100% biodegradable.

Un producto artesanal, ligero, natural. Un pequeño cambio en nuestra vida diaria que puede configurar grandes logros a largo plazo. Porque su fabricación en bambú no sólo ayuda a no invadir ni deforestar los espacios naturales libres, sino que además su cultivo contribuye a aumentar la masa forestal global gracias a un crecimiento rápido y vigoroso, ya que en seis semanas el bambú puede alcanzar los 30 metros de altura, para lo cual un pino mediterráneo necesitaría varias décadas.

Pero un cepillo 100% biodegradable de Naturbrush no sólo es una sucesión de pequeños gestos que pueden conseguir grandes avances para el cuidado de nuestro entorno, también cuida nuestra salud. El bambú es un antibacteriano natural, repele microbios y agentes externos que se acumulan en el tradicional cepillo de plástico. Evitando que se acumule la suciedad en su superficie. En pocos días notaremos la notable diferencia del cambio al tener un Naturbrush en el cuarto de baño, ocupándose de nuestra higiene bucal.

Además, si sufres un descuido durante las vacaciones tu Naturbrush no será responsable de contribuir a la contaminación medioambiental. Cuando fruto del desgaste realices el cambio de tu Naturbrush por cualquier otro de nuestra gama, podrás enterrar el viejo en tu jardín, o en una maceta, y comprobar por ti mismo como en un corto período de tiempo ha desaparecido por completo, ahorrándole así al mundo un residuo contaminante a procesar. Y lo hará no sólo gracias a estar fabricado de bambú, sino también por el bionylon de las cerdas, encargadas de realizar un trabajo mucho más eficiente en el cepillado que sus homologas tradicionales.

Sonrisa feliz, planeta feliz.

Así, que, tras superar diversos filtros y conseguir la homologación del Ministerio de Sanidad, los cepillos 100% biodegradables de Naturbrush ya son una realidad. Listos, para acabar en manos de mucha gente pequeña, que en lugares pequeños puedan contribuir a cambiar el mundo.

Ahora depende de ti, si quieres ser parte del cambio y formar parte de nuestra comunidad Naturbrush accede a nuestra web natur-brush.com y empieza a cuidar tanto tu sonrisa como de la del planeta. 

Jorge Lizondo.